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La pintura estremecida de Fernando García Curten

Fernando García Curten es en el panorama de la plástica iberoamericana el resultado de un esfuerzo por devolver a la pintura su valor específico y testimonial, separándolos de una manera sistemática de la evasión surrealista.

En una primera visión, su pintura y su dibujo parecen evidenciar un deseo de escapar de los cauces de la reiteración por el camino onírico surreal de buscar lo inusitado y lo maravilloso. Una segunda toma de contacto con su obra parece indicarnos un gusto morboso, un placer de lo macabro y una vocación de lo necrófilo. Pero si nuestra visión profundiza más y si ajustamos nuestra mentalidad a los parámetros en los que se instala este artista argentino, veremos que hay en él un esfuerzo importante. Prácticamente semejante al que en un momento determinado de la historia plástica europea marcaron los expresionistas en la avalancha de los ismos y de las experiencias individuales y de grupo que formaban el arte de vanguardia europeo de principios de siglo.

Con un idioma plástico diferente, superando ampliamente en lo que a raíces históricas se refiere el expresionismo tradicional, la operación mental y estética que realiza García Curten es prácticamente la misma que la de los maestros del expresionismo. Su tarea se centra en devolver a la condición humana su puesto privilegiado de elemento fundamental en el panorama de la plástica.

La preocupación por el hombre y por su labor, por los apocalipsis bélicos, industriales y consumistas que el propio hombre desencadena, son el trasfondo sobre el que el artista instala su narración a veces profundamente desgarrada, tremendamente dolorida y propia de una toma de conciencia lúcida, extensa y profunda sobre el mundo desventurado que no es capaz de abolir ni la tortura ni la enajenación.

Por ello, sus dibujos son la descripción de una lucha, la topografía de una persecución sin principio ni fin, la evidencia de un dolor y la transformación de una toma de conciencia espantada que intenta comunicar las evidencias del horror.

Y su pintura vierte en un afortunado uso de la masa, de los elementos cromáticos y de las circunstancias sobre la que éstos se despliegan toda una teoría del color y de la forma, toda una radiografía de un ser humano para el que el otro hombre ya no es un lobo, como decían ingenuamente los tratadistas de Ciencia Política del siglo XVII, sino una desventura y una catástrofe.

Con estos elementos Fernando García Curten lleva a cabo una pintura personal, lírica, en su alternativamente desplegado y contenido horror, épica en cuanto narra la desventura, el dolor y sobre todo la magnífica historia de la supervivencia del ser humano. Ante este esfuerzo artístico y testimonial, podremos establecer reparos en cuanto a su manera de ejecución y de despliegue, pero nunca en cuanto a la sinceridad vital, enérgica y absoluta con que está concebido.

Raúl Chávarri. Catálogo Presentación F.G.C.
Centro Iberoamericano de Cooperación.
Madrid, España. 1978.

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